LA NOCHE ESCRIBE, LA NOCHE LEE

 

Textos compartidos en La Noche Lee, el sábado 26 de Septiembre, en el marco de la muestra La Noche escribe, de Guillermo Beluzo



«¿También ustedes tienen un grupo en whatsapp que se llama «yo»? Un diálogo abierto consigo mismos en esta jaula de hamster por la que los dedos trotan, la pifian, se estorban en la tarea de dejar apuntados pendientes, algún dato curioso, asuntos que no convendría olvidar ni mucho menos dejar para después, abandonados al espíritu de dilación de ese procrastinador serial en mora perpetua con los afectos, de ese deudor incobrable del cariño de padres, amigos y amores que uno lleva a cuestas, o a la arrastra, como a la rémora irreductible del pibe que, por lo demás, ya no es; pregunto porque de ahí vienen estas notas escritas de un tirón, de qué otro modo seríamos capaces de tomar la palabra, o de ser tomados por ella, si no es embargados, iba a decir embriagados, por el apuro, en un rato raptado a la rutina, hoy, 26 de abril de 2026, aniversario de la localidad de Ingeniero White y de otros sucesos sobre los que prefiero no abundar pero que vienen a desembocar, quizás, en este sótano, en esta muestra, en este conjunto de obras cuyo delicado anudamiento quedaría de pronto deshecho si delante de ellas yo afirmara, por ejemplo, que la escritura ha transformado la conciencia humana más que cualquier otra invención, como si estuvieramos hablando de un problema resuelto, de un tema saldado, de una cuestión conclusa, y ante estos dibujos la mente no discurriera blanda y, a estas horas, ya medio mocha, roma en su roce repetido con lo aparente, trazando de silueta en silueta su camino de baba, su desvarío de sonámbula, el sendero resplandeciente de un caracol perdido en el canterito del logos, tentando, grafema por grafema, como cuando éramos chicos, la tiniebla del pizarrón, en busca de ese lugar imposible en el que la «m» todavía es el rastro oscilante de la hormiga y la «e» el vuelo nervioso de una abeja que viene a posar su aguijón, su lápiz recién afilado, aquí, justo aquí, sobre la punta de la lengua, un azote sutil para que no te distraigas, para que no te gane el sueño en la noche perfumada del nombre, para que hagas buena letra, cabezón, y practiques sin descanso la hipocresía, practiques en ascuas la soberbia, practiques con hambre la ambición hasta que la vista arda sobre el reguero de pólvora del renglón. ¿Sabías, Testoni, que la tiza se forma de los restos fósiles de diminutos organismos marinos llamados cocolitóforos? Te lo dejé anotado en otro mensaje, más arriba, en este mismo chat. Ahora te quería preguntar: ¿Quién escribirá con nuestros huesos?»

Nicolás Testoni


«Llenamos nuestras manos de lenguaje  

como agarrando el agua para tomarla: se nos escapa y no, entra en el cuerpo, la ofrendamos, se transforma en todas sus partes en algo nuevo, se mezcla con la historia del lenguaje en nuestros cuerpos.

Una mano sostiene a la otra, como una vida, una comunidad.

Mientras escribo, sostengo la mano con mi cuerpo; mi mano sostiene la lapicera, se apoya firme en la hoja, mientras tanto, la otra mano sostiene con los dedos el lado amplio de la hoja y me da más seguridad en el trazo ¿Podrá no participar mi mano opuesta en la tracción del trazo? ¿Está entonces mi mano en mi mirada, en la sangre que pulsa del corazón al movimiento, en la mesa donde se apoya, en la lapicera que sostengo entre los dedos? ¿Está allí enraizando en cada fibra de piel, hueso y articulaciones el lenguaje? El íntimo, el cotidiano, el colectivo, el contracturado..?

En cada movimiento del trazo, la mano traduce mi mirada, mis pensamientos, y si escribiera sin visión ni experiencia en ese proceso, sería inentendible. Tengo que entrenar la mirada interna para acomodar el trazo. El traductor son mis manos en mi cuerpo y mi cuerpo en el mundo.

El lenguaje expresa un vínculo,  

las manos expresan un vínculo: estrechar la hoja entre el lápiz y los dedos; la hoja, la mirada, el cuerpo, la calle.

Las manos traen juntas un cielo de preguntas y trazos… Son las puertas de la casa del cuerpo, puertas que se mueven e interactúan, dejan pasar y detienen la acción del lenguaje.

Las ma-nos, las ma-dres del cuerpo, la ma-dera de la tierra, las ma-nos

Compartimos las manos. Las comunidades mapuches saludan «mari mari» y unen sus diez dedos con los diez dedos de quien llega, para recibir, para presentarse, para estar con las manos en alto y adelante frente al otro que también llega así, con entrega. Las manos guardan memorias, sabidurías de familias, de linajes, sabidurías ancestrales. Saberes compartidos por las manos, a través de las manos: texturas con las manos, piel con piel, superficie con superficie.

Todo material, incluidas nuestras manos-cuerpo, vienen de la tierra; el vínculo entre nuestras manos y la tierra activan ese lenguaje ancestral de muchas abuelas atrás.

Pertenecer a las manos, pertenecer al cuerpo, pertenecer al lenguaje, pertenecer a la tierra. Las texturas dialogan con nuestros cuerpos; las manos recuerdan, atesoran al tacto el lenguaje: el de la restricción y el permiso, el de la suavidad y el golpe de palabra que la hace muda de manos detrás de la espalda.

Y esta entrega nos lleva en el trazo vincular a una decisión: la de reconocer la forma controlada de las manos, esa que llaman civilizada, intervenida por manos que atrapan, que atan, que buscan la perfección, lo terminado, lo muerto. Pero ese vínculo civil/izado se desarma constantemente, ¿será acaso el lenguaje grabado en las texturas de lo que tocamos, en las memorias de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas, de nuestras ancestras, a nuestro dios íntimo y oculto en las profundidades civilizadas, nuestro centro, nuestro Eros?

Eros: atracción al centro, al suelo, a la tierra; deseo, atracción de nuestro cuerpo al cuerpo mayor de la tierra.

“Caer” en el lenguaje por eros, por atracción; como en el amor, como en la escuela pública.

Gravedad-eros-atracción de los cuerpos; mirada-mano-lenguaje.

Si olvidamos esta conexión, olvidamos el placer: el eros.

La mano espontánea que explora el lenguaje en la infancia, cuando se vuelve tan perceptible la frontera del lenguaje que tan bien disciplina a la mano; manos que se esconden, manos que se muestran. Manos que se avergüenzan, que fallan y esconden la mano; mano que comienza a mostrar rasgos de madurez en el silencio y el orden, en la repetición de la ley más que en las líneas profundas que surcan las manos: de trabajo, de calor, de desamparo, de mano firme con mano firme, de tender una mano.

Y ¿qué pasa con nuestras manos infancia, con esa complicidad espontánea con un lenguaje salvaje, vivo, curioso, que lame con las manos, que aprieta, que rasca, que empuja, que acaricia? Si las manos son compañeras del cuerpo como el lenguaje de las manos, ¿por qué ordenamos el movimiento de nuestras manos a la defensiva de su comportamiento, de su creación, de su lenguaje? entrenar la mano para limitar el lenguaje, para censurar la palabra de un otre, para callar y medir cuando dar lugar a la palabra ¿Es un lazo que se corta a cuchillo, a disparo, a fuego intencional? Esta represión también son las manos y el lenguaje; instrucción de la mano, de la palabra: disciplina del horror.

El muro de la realidad se ha levantado con manos decididas a esconder el sensual, dulce y coqueto juego posible del lenguaje.

no me olvido: las manos de nuestros ancestros construyeron una espiral enorme de barro, piedra, agua, fuego, viento y espíritu; vínculo y comunidad a través de sus manos a las nuestras. Lo que pueden hacer las manos y el lenguaje es una parte, pero si esa parte es solo la que nos muestran en pizarrones mudos, oscuros, incuestionables, ese lenguaje que construimos no es un genuino por más genuino que intente ser.

Vení conmigo, vamos a atravesar el silencio de tiza, la línea impresa en tinta, vamos a explorar el trazo con todos nuestros sentidos cargados 

con tanto placer 

en nuestras manos.»

Florencia Rodriguez Aires

 

Montalbetti

una lengua es el resultado de los hábitos, usos y convenciones

una lengua es el resultado de autoridades que fijan reglas y gramática

una lengua es el producto de saberes intuitivos o inconscientes de sus hablantes

una lengua es el resultado de ciertos fines ideológicamente diseñados

la lengua cambia con el tiempo

la lengua es un objeto histórico

lo que no se puede decir se puede leer en lo que está escrito

 

Saussure

hay puntos de vista para el fenómeno lingüístico

sea cual sea presenta perpetuamente dos:

sonido + idea =

unidad compleja fisiológica y mental

en cada instante el lenguaje implica a la vez

un sistema establecido y una evolución

en cada momento es

una institución actual y un producto del pasado

no hay manera de salir del círculo

hay que colocarse en el terreno de la lengua

producto social

conjunto de convenciones necesarias adoptadas

totalidad y principio de clasificación

cosa adquirida

institución

no está probado que nuestro aparato vocal esté hecho para hablar

como nuestras piernas para andar

lo mismo podrían haber elegido el gesto o imágenes visuales pero

  

la facultad de constituir una lengua es humano

 un sistema de signos distintos que corresponden a ideas distintas

instrumento creado y suministrado por la colectividad

el circuito de la palabra supone por lo menos dos individuos y

una parte externa y una interna y

una parte psíquica y una parte no psíquica y

una parte activa y una pasiva y

una facultad de asociación y de coordinación

entre todos los individuos ligados por el lenguaje se establece un promedio

todos reproducirán aproximadamente

los mismos signos unidos a los mismos conceptos

la suma de imágenes verbales almacenadas en todos los individuos

lazo social

tesoro depositado por la práctica del habla

comunidad

sistema gramatical virtualmente existente en cada cerebro o

más exactamente

en los cerebros de un conjunto de individuos es que

la lengua no está completa en ninguno

no existe perfectamente más que en la masa.

 

Julia Kristeva

práctica significante:

la travesía del sistema de signos

se obtiene del proceso del sujeto hablante

que cuestiona las instituciones sociales

en las cuales antes se había reconocido

y, coincide con los momentos de ruptura,

de renovación, de revolución

de una sociedad

la práctica significante

es un modo de producción

el arte dice que la pulsión y el goce

pueden infiltrarse en el conjunto social

no existen sin producir un corte

el arte lleva inquietud al conjunto social

esclusa para lo que no se puede satisfacer

esa revolución es también una revolución del lenguaje poético

resulta posible otra concepción de las prácticas significantes.

 

Melisa Depetris

 




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