PROMENADE VI / Marcos Calvari

Caminar como política

¿Hacia qué nos debe dirigir una proménade architecturale?
¿Se exige alguna clase de contemplación?
¿El placer retiniano tiene lugar, o es una forma de altruismo estético?
¿Es la mirada un sentido autosuficiente que justifica el caminar como acción?

Si pretendemos que la experiencia arquitectónica ponga en jaque el sentido de su propia disciplina, debemos hacer del error y la incertidumbre un recurso. Para ello, decido buscar en una arquitectura que no intente dar respuestas, desligada de la función, donde quede en ridículo cualquier catalogación del espacio y se plantee su experiencia, en tanto transcurrir, como diálogo.

Así la tensión es la palabra, el intercambio es lo que queda y la reflexión es un remanente político.

Para que la sucesión de pasos se transforme en una decisión empírica, este no-edificio debe encontrar el equilibrio entre la indeterminación y el sometimiento, la carnada y el anzuelo, con el objeto de que los pies se adentren al camino sin ningún cartel de entrada.

Así, quien atraviesa el umbral se mete en una trampa. Y esta trampa, en las antípodas del grotesco pseudopolítico reinante, funciona como un motor de fé que posibilita acciones colectivas para desenredar el andar sin subestimar a lxs caminantes: que se hablen, que se toquen, que se ayuden, que se miren a través de lo borroso.

La necesidad de salir de este brete se transforma en encuentro, utopía, escucha, mirada perdida, concentración en lo inútil y salvapantallas.

Es la mecha encendida entre lxs caminantes que se pierden voluntariamente, sin darse cuenta de su extravío.

Es una manipulación del rigor y la intuición en pos del deseo.
Es un vector.

Marcos Calvari

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INAUGURACIÓN:
VIERNES 24 DE ABRIL / 19 HS / Sarmiento 450.

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